Publicado el 25 mayo de 2015 a las 10:39 am, por

El conocimiento de los genes que determinan la predisposición de una persona al sobrepeso podría servir de freno al aumento que la obesidad está sufriendo estos últimos años, ya que abre la puerta a nuevas vías de tratamiento y prevención. Así lo asegura un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature en el que expertos del consorcio de la Investigación Internacional Genética de Rasgos Antropométricos (GIANT) analizaron las muestras genéticas de más de 300.000 personas para estudiar la obesidad y la distribución de la grasa corporal.

Los investigadores han partido de la idea de que esta patología no sólo depende de factores ambientales y alimentarios para detectar 97 regiones de todo el genoma que influyen en la obesidad, un hallazgo que triplicó el número de regiones previamente conocidas. Esto demuestra que la predisposición a la obesidad y el aumento del IMC no se deben a un solo gen, como la mayoría de los estudios de bajo precio que se venden en internet. CEUbfaTWEAAADhf

Además, identificaron los genes individuales que juegan un papel importante en la forma y tamaño del cuerpo. Detectaron los lugares en los que se acumula la grasa en el cuerpo y que pueden determinar un riesgo para la salud. Así, las personas con la circunferencia de la cintura más grande que la de la cadera tienen más grasa abdominal que rodea los órganos abdominales. Esto les hace más propensas a tener trastornos metabólicos, como problemas cardiovasculares o diabetes tipo 2, que aquellas personas en las que la grasa se concentra más en el área de la cadera o se distribuye por igual en el cuerpo.

Por otro lado, también determinaron que existen 19 localizaciones genéticas que tienen un efecto más fuerte en mujeres y solo una con un mayor efecto en los hombres. Esto explica porque la grasa se distribuye de diferente forma en ambos sexos.

Este estudio demuestra que no todas las personas engordan igual, lo que hace necesario que el tratamiento del sobrepeso o la obesidad se haga de manera individualizada y para ello se necesita hacer uso de la nutrigenómica, una ciencia cada vez más extendida y que puede suponer el futuro de la medicina personalizada. Permite ver como la nutrición afecta a los genes de las personas produciendo diferentes respuestas en el organismo. Así, con los llamados estudios biogenéticos o nutrigenómicos, como los realizados en CRES, estudios de alta calidad científica, donde se estudian 19 genes diferentes tal y como se espera de una profunda lectura y conocimiento genético de la persona, se pueden detectar aquellas variantes genéticas que pueden influir en la metabolización de los nutrientes, el control de la saciedad o el gasto energético, que pernite realizar dietas personalizadas.

Fuente: Europa Press