Publicado el 24 abril de 2015 a las 11:44 am, por

Hoy en día es muy fácil encontrar diversidad de productos y ofertas para la realización de test de intolerancias alimentarias a un precio asequible, pero en la mayoría de los casos la fiabilidad tecnológica de los resultados no se soporta desde el conocimiento científico. Pero ¿cuál es el procedimiento que siguen para obtener los resultados y que validez tienen para el paciente?

Spices and scents of Italian cuisine

A pesar de que las pruebas de sangre más caras, pueden ofrecer la posibilidad de detectar la presencia de anticuerpos frente a una lista inmensa de distintos tipos de alimentos para detectar a cuáles de ellos es intolerante o sensible el paciente, no sirven para diagnosticar sobrepeso u obesidad. Además tampoco resultarán del todo fiables las dietas posteriores al test que excluyan los alimentos intolerantes, puesto que  una prueba de sangre nunca puede resultar 100% efectiva ya que la muestra tomada puede estar influenciada por el estado general de salud en el que se encuentre el paciente en el momento de la extracción. Además, también influyen los alimentos o compuestos que hayan ingerido antes de recoger la muestra.

Por otro lado, las pruebas de intolerancia alimentaria por bioimpedancia realizadas de manera habitual y masiva no resultan del todo fiables puesto que no se basan en evidencias científicas, lo que puede dar lugar a la indicación de tratamientos inadecuados para el paciente ya que no tienen tampoco en cuenta sus características individuales. De hecho, un informe elaborado por la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas (GREP-AEDN) afirma que los test de sensibilidad alimentaria no son una herramienta útil para el diagnóstico de la obesidad u otras enfermedades.

Según este trabajo, estos test se basan en los cambios que se producen en el número, tamaño y volumen de los linfocitos, granulocitos y plaquetas cuando son expuestos in vitro frente a una serie de extractos de alimentos y/o aditivos. “Después de un período de incubación, las células sanguíneas pasan a través de un estrecho canal y se miden mediante un instrumento electrónico. Todo extracto que haya comportado cambios en la apariencia de este tipo de células se interpreta como conflictivo”. Los resultados darán unos alimentos y aditivos categorizados como tolerados y otros con algún grado de intolerancia los cuales se excluyen de la alimentación del paciente. A partir de ahí se le indican unos tratamientos dietéticos basados en la rotación de alimentos y en la incorporación de los excluidos cuando se haya conseguido el objetivo. Esto quiere decir que si verdaderamente el paciente es intolerante y vuelve a tomar los alimentos que le generan esa intolerancia seguirá teniendo problemas. De ahí que la GREP y AEDN califiquen los test no solo de innecesarios e ineficaces sino perjudiciales.

Por su parte, los resultados ofrecidos no suelen ser más que conclusiones basadas en probabilidades y datos epidemiológicos. Además, otro apunte a tener en cuenta es el personal que realiza este tipo de test. Es importante que el centro esté avalado, así como sus profesionales.

Hoy, gracias al conocimiento del genoma humano y a las nuevas tecnologías, los estudios biogenéticos, o nutrigenómicos, a partir de una muestra de ADN del paciente tomada de las células epiteliales de la boca, permiten el estudio de los polimorfismos de distintos genes y como estos genes codifican las enzimas de las rutas metabólicas de los alimentos, por lo que dan a conocer con precisión cómo funcionan. Esto ofrece una idea de cómo un alimento es metabolizado correctamente y sirve para producir energía o crear estructuras celulares, o bien no se metaboliza correctamente y por tanto no se asimila, produciendo metabolitos tóxicos o toxinas o acumulándose como grasa localizada, lo que genera sobrepeso y en algunos casos obesidad. Los alimentos que la condición individual de origen genético no permite metabolizar se llaman alimentos intolerantes.

Por otra parte, en los test nutrigenómicos, como los realizados en CRES, se estudian las dos intolerancias más importantes en número que se producen en la población española, la intolerancia a la lactosa y la intolerancia al gluten. En estos test se llegan a estudiar hasta 16 genes distintos que dan una idea muy concreta de la realidad de la respuesta de cada persona.

Estos test no solo tienen en cuenta la información genética del paciente, sino su historia clínica, hábitos de vida y hábitos alimentarios. Con esta información se elaboran dietas específicas, absolutamente personalizadas que, sin duda, son las más adecuadas para cada uno, ya que cada persona es diferente.