Publicado el 13 mayo de 2015 a las 9:14 am, por

Hasta hace un par de años, la celiaquía era una enfermedad extraña que era difícil de  diagnosticar. De hecho, solo se detectaban el 25% de los casos debido, en gran parte, a su variada sintomatología que incluye dermatitis, diarreas, dolores de cabeza, pérdida de peso o alteraciones inmunitarias, así como otras muchas variantes. Además, como apuntaban diferentes estadísticas, la prevalencia oscilaba entorno al 1% de la población total, por lo que apenas se le prestaba atención. Por otro lado, hasta ahora el único método de diagnóstico convencional para llegar a identificar si la persona era celíaca era la biopsia de la membrana intestinal, una prueba invasiva y dolorosa que se acompaña de un análisis de sangre de anticuerpos antigluten.

Hoy en día, los métodos de diagnóstico han avanzado tanto que  incluso es posible que no sólo se puedan identificar qué personas sufren celiaquía, sino quienes tienen predisposición a tenerla o han desarrollado sensibilización. Gracias a los estudios biogenéticos, se puedan interpretar los polimorfismos del gen DQ que permiten encontrar muchos individuos que aún no son celíacos, pero presentan una mala metabolización de esta proteína que hace que el gluten agreda la mucosa de la membrana intestinal y que, poco a poco, la vaya deteriorando hasta llegar a dañarla y llegar a padecer celiaquía.

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Los estudios nutrigenómicos son los únicos que permiten identificar cómo es la respuesta metabólica ante nutrientes como el gluten para así detectar posibles casos de sensibilización. Si se detecta esta sensibilidad y todavía no se ha desarrollado celiaquía, con una dieta libre de este cereal se puede frenar su aparición. Lo que no parece tener mucho sentido es excluir el gluten de la alimentación sin haber confirmado una intolerancia o sensibilidad, únicamente movidos por la corriente cada vez más creciente de seguir un estilo de vida saludable y caer en el error de que el gluten es perjudicial. ¿Realmente lo es?

El gluten es una proteína presente en muchos cereales y muchos alimentos precocinados y embutidos. Su exclusión de la dieta sin tener el dato del nivel de sensibilidad de la persona a dicha proteína, no aporta ningún beneficio al organismo, ni para el control de peso, ni para prevenir la celiaquía. “Lo único que previene la celiaquía es el diagnóstico de una sensibilidad o predisposición a ser intolerante. Geneticres Nutricional se convierte por tanto, en una herramienta diagnóstica esencial para el médico en la prevención de la celiaquía, ya que permitirá justificar el seguimiento de una dieta sin gluten”, comenta Juan Carlos de Gregorio, experto en biomedicina y responsable de CRES Genomic. “Estas personas pueden tener una sensibilidad no diagnosticada que poco a poco puede ir deteriorando su membrana intestinal y acabar en enfermedad celíaca”, añade.

La persona que es sensible al gluten no ha generado anticuerpos y por tanto no ha sufrido reacciones al mismo y apenas tiene deteriorada su membrana intestinal “Sin embargo, si sigue tomando alimentos con gluten pueden ir alterando poco a poco su membrana intestinal y llegar a sufrir celiaquía”, asegura de Gregorio. Por su parte, la enfermedad celíaca supone una intolerancia permanente al gluten que se caracteriza por una reacción inflamatoria en la membrana intestinal responsable de múltiples problemas gastrointestinales.

Es importante saber que tanto la celiaquía como la sensibilidad al gluten son enfermedades de origen genético. Lo que se hereda es el riesgo a padecerlas, riesgo que puede conocerse gracias a los estudios biogenéticos que analizan la interacción de los nutrientes con los genes de cada individuo para ver cómo este los metaboliza. “La información genética nos permite saber qué alimentos son peor o mejor tolerados y por tanto da las claves para indicar o no una dieta libre de esos nutrientes para poder evitar problemas gástricos inespecíficos y por tanto el desarrollo de este tipo de patologías”, indica de Gregorio.

Según la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten de la Comunidad de Madrid se estima que la genética contribuye en un 75% al desarrollo de las mismas y el 25% restante depende de factores ambientales. “Por tanto el conocimiento de los genes nos puede aportar mucha información en materia de prevención en salud”, concluye de Gregorio.